
Sombras que acarician manos mientras unos ojos verdes han decidido no volver a iluminar la noche, no han de volver a embrujar. Ojos que se ocultan tras unos cristales negros para que vuelvan a mostrar la verdar de un ser que no quiere ser descubierto
Ya no hay rastro de brasas y solo queda remover cenizas como quien espera encontrar respuestas a culpas que son amargas acompañantes de una era que no debio de existir. Se ha instalado el virus de la duda como fiel compañero y buen guardian de los días oscuros. Solo hay que esperar a que suba la marea para que las cenizas sean llevadas por mares menos tortuosos.
Sin mirada no hay espejo
Febrero 2.007
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